Me senté en el taburete junto la ventana que da a la avenida más transitada de la ciudad, respiré mientras miraba las luces de los autos y escuchaba los sonidos del tránsito.
Entonces busqué tu mirada, tu sonrisa de aprobación ante lo que estaba por hacer y la imaginé muy nítida. Es que durante los últimos veintidós años aprendí de tus miradas, tus gestos y tus arrugas. En el recuento de los daños me he enfrentado a realidades cada vez más fuertes: fuste la verdadera representación de amigo, compañero, cómplice y defensor. Puede que ese sea el motivo por el cual a veces me siento tan sola aún rodeada de muchas personas, doy todo mi corazón como me lo diste tu para que las personas que quiero estén bien.
Sin embargo, he entrado en el bucle una vez mas. Recordaba a Mr. B, todo lo que compartimos en esa amistad tan buena, y como de pronto yo le "salaba" la relación y después básicamente ocurrió lo mismo recientemente con otra persona.
Y es que al recordar lo mucho que me hiciste falta después de el episodio de violencia que viví, de mi regreso a hogar familiar y de las tardes de soledad donde no podía ya llamarte y decirle que me gastaría hacer con él eso que tu hacías conmigo: sentarnos a leer y ver películas, sin hablar pero acompañándonos, me di cuenta que desperdicié mucho tiempo y aunque los últimos tres meses lo logramos hacer, perdimos muchos días y muchas noches juntos.
"Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde" y si es cierto, a ti te perdí y no hay manera de hacerte regresar, la realidad es que agradezco lo que viví a tu lado izquierdo, si lo contara tendríamos un super libro de aventuras de este par de locos que llegaron tarde pero siempre a tiempo.
Voy al baño para llorar, otra vez.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario